agosto 9, 2022

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Callejeritos y el montaje del amor

El mundo muestra en su existencia a aquellos otros entes biológicos que nos acompañan en este mundo a los cuales comúnmente se les llama animales aparecen ciertas “categorías” para hacer referencia a estos y especialmente sobre los que me interesan hacer referencia son los que llaman como animales de compañía y en ausencia de a quien acompañar son los animales de la calle o “callejeritos”

Opinión desde la Variopintología

Por: BAA

Hace unos días me encontré con este fragmento “Sí, también la noticia de la muerte de una gallina aplastada por un derrumbamiento se puede llamar información. Pero nunca será digna de mención”, esto descrito por Giovanni Sartori en su texto Homo Videns, en lo particular me hizo preguntarme de ser así por qué he visto noticias sobre el descarrilamiento de camiones que transportaban cerdos o gallinas que enmarcan como una tragedia la muerte así como la perdida material de dichos animales, a la vez que encontramos múltiples foros, paginas, blogs  que replican a manera de noticias sin número de aconteceres en los que participan los “animalitos” realizando distintas actividades. En primer momento es algo que atañe a la información y  qué nos permite comprender, algo en las estrategias de difusión en el mundo digital que apuesta por el reconocimiento de lo que se puede ver, por lo tanto dejando quizá como argumento que está en juego comprender la situación de lo animal desde funciones distintas.

     Desde el primer momento se camina con la vida y con la vida se aprende a añorar y esperar algo que tiene que ver con el estar con el otro que siempre está implicado, construyendo y sosteniendo a su vez una serie de complejas relaciones que se juegan entre satisfacer lo que se piensa que se puede satisfacer, sin embargo, cuando el mundo muestra en su existencia a aquellos otros entes biológicos que nos acompañan en este mundo a los cuales comúnmente se les llama animales aparecen ciertas “categorías” para hacer referencia a estos y especialmente sobre los que me interesan hacer referencia son los que llaman como animales de compañía y en ausencia de a quien acompañar son los animales de la calle o “callejeritos”. Estos «callejeritos» se encuentran atrapados entre montajes de lo humano que les conllevan una serie de implicaciones que parecieran “humanizantes” los encontramos siendo contratados en diferentes establecimientos como gasolineras, establecimientos de comercio entre otras cosas, con uniforme y gafete y con aquello un nombre y un puesto, ósea hacer del callejerito un socio del hombre, esto figura de forma cómica como una manera de hacer lazo con estos perros y gatos (la mayoría de los animales que actualmente se ven las redes sociales son de estos) a través de una lógica de la transacción económica.

    Por otro lado, podemos encontrar un montaje del afecto, no es que no exista esto del afecto, sino que da preferencia a sostenerse desde lo “tierno”, la “ternura” como como forma de hacer lazo, la cual encontramos en forma de memes, GIFs y Stikers  lo cual permite amarrar lógicas de distribución y consumo adecuadas para ver aquella otredad animal como un objeto consumible del deseo en la “ternura” como si fuese posible desposeerlos de lo que sería su “animalidad biológica”, dientes, huesos, sangre, la muerte y la peste, eso que no se presenta y no se requiere para estos  gatos y perros perfectos, empaquetados en pequeños paquetes de información intercambiables.

     De estas formas de montajes aparece una tensión entre la aceptación del sacrificio y la esterilización como la contraparte de lo que no es “humano” y lo que es suyo. No es humano en el sentido que apelan a disfrazar las condiciones de la muerte, el dolor, en general el sufrimiento por paquetes de información que implique la satisfacción de no saberse en un “mundo de mierda” pero siempre algo escapa y eso que escapa es que por más que hagamos del callejerito un socio y objeto de la ternura, sigue siendo un socio y objeto de la ternura de lo humano. Es en este momento donde podemos encontrar discursos entre la salud pública, la dignidad animal, el bienestar del animal rescatado, el derecho de reproducción, por mencionar alguno de los tópicos que despierta esta tensión. ¿Es posible re-pensar el sacrificio y la esterilización como formas de amor al «animal de la calle”?

     El derecho de reproducción de los callejeritos esta mediado por las “buenas intenciones” de sectores que se enuncian como defensores del animal, aquellos que rescatan o apoyan la actividad en lo que se podría pensar como la defensa de la dignidad animal, la cual conlleva como punta de lanza la esterilización, ya que de realizarla es una vida que no se reproduce y esa vida no causaría mayores implicaciones ya que al no tener la reproducción su marcha habitual y ser “supervisada” no habrá una reproducción de callejeritos, los cuales suelen vivir en condiciones precarias y mueren de formas que los consumidores de callejeritos prefieren no hablar. Manifestaciones como huelgas de hambre de animalistas, que lo vuelven muy interesante ya que al estar apuntalada en la falta de alimento que vive el callejerito pasa a ser re-pensada por su socio que le apoya “asumiendo” en su cuerpo de humano “el martirio” mientras algunos perros descansan tendidos en las lonas con las consignas que piden al Estado el apoyo para el incremento del apoyo a las campañas de esterilización, entre estos montajes en donde se espera que por ningún motivo estos callejeritos “padezcan el sufrimiento” y mucho menos pensar la muerte, limitados en su posibilidad de reproducción se “puede controlar el sufrimiento” uno que curiosamente se vive en la subjetividad de los individuos allegados al animal. Es en esa forma de amor que controla y somete la posibilidad de territorialización, de accionar y continuar su estirpe la que tranquiliza ¿a quienes? o ¿a qué aparato discursivo que habita en qué institución humana?

     El dejarlos reproducirse y morir en las condiciones que el humano hace de su entorno ¿podría ser una respuesta a nuestros montajes? Sería algo así como cada uno de los individuos hágase cargo de su sufrimiento, entonces ¿el callejerito ya no sería el callejerito?, ¿qué sería? Seguro hay montajes más ideales para mantener un lazo con aquellos animales “desposeídos de hogar” en dónde no sea el mejor amigo del humano, ni su socio de trabajo, sino un habitante más del territorio, uno que se supondría debería ser común. Por cierto si en su camino se topa con un callejerito no dude en saludarlo, y si no está de más ofrecerle agua y algo de comida.