La paradoja del "turismo de última oportunidad": 14 millones de personas visitan los glaciares mientras aceleran su deshielo

Los glaciares, convertidos en los centinelas del cambio climático y la evidencia más cruda del calentamiento global, enfrentan hoy una amenaza contradictoria: su propia popularidad. Un reciente estudio ha revelado que más de 14 millones de personas viajan anualmente para contemplar estas masas de hielo, generando un fenómeno de turismo masivo que, lejos de solo observar, está contribuyendo directamente a la desaparición de lo que busca proteger.

Esta dinámica se ha definido como una paradoja ambiental. Aunque muchos viajeros llegan a estos destinos con la intención de crear conciencia personal sobre la crisis climática, el desplazamiento humano a gran escala alimenta el mismo ciclo que destruye los glaciares. La logística necesaria para movilizar a millones de visitantes —desde vuelos internacionales hasta infraestructura local— depende en gran medida de la quema de combustibles fósiles, el principal motor del aumento de la temperatura terrestre.

Cymene Howe, investigadora de la Universidad de Rice, ha sido contundente al respecto: «El turismo glaciar que facilita el acceso a estos majestuosos sitios a menudo puede ser parte del problema de la economía fósil que está acelerando la desaparición de los glaciares». Sus palabras subrayan cómo el deseo de ser testigos de la majestuosidad del hielo antes de que se pierda, conocido como «turismo de última oportunidad», termina por acortar la vida de estos ecosistemas críticos.

El desafío actual para las organizaciones ambientales y los gobiernos locales es encontrar un equilibrio entre la educación ambiental que proporciona el contacto directo con la naturaleza y la huella de carbono que genera dicho contacto. Mientras las cifras de visitantes siguen rompiendo récords, los glaciares continúan su retroceso, recordándonos que el simple acto de observar no es neutral ante la emergencia climática.