Seguro te ha pasado: cuando llevas horas sin comer, todo irrita más. El ruido, la gente, el clima… incluso tú mismo. Y no es solo una percepción: la ciencia tiene una explicación.
Un estudio publicado en la revista científica PLOS ONE analizó cómo el hambre influye en las emociones cotidianas. Durante tres semanas, más de 60 personas reportaron varias veces al día sus niveles de hambre, enojo, irritabilidad y ansiedad.
Los resultados fueron claros: a mayor hambre, mayor enojo y ansiedad. Es decir, existe una relación directa entre no comer y el mal humor.
La razón es biológica. Al pasar muchas horas sin alimento, disminuye la glucosa en la sangre, lo que afecta áreas del cerebro como la amígdala, encargada de regular las emociones, y la corteza prefrontal, responsable de la toma de decisiones. A esto se suma la liberación de hormonas del estrés, como el cortisol y la adrenalina, reduciendo aún más la paciencia.
Así que sí: cuando tienes hambre, es normal sentirte más irritable. Tal vez la solución no sea discutir… sino comer algo primero.








