agosto 11, 2022

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Se presentó la compañía Israelita de danza “Cesar Brodermann & Performers” con la obra Bordeline, una coreografía de Cesar Brodermann.

Se presentó la compañía Israelita de danza “Cesar Brodermann & Performers” con la obra Bordeline, una coreografía de Cesar Brodermann.

Israel con su reflexión “borderline” deja huella en el Festival de Danza Lila López

Escrito por Dolores Hdz

En el sexto día del XLII Festival Internacional de Danza Contemporánea, se presentó la compañía Israelita de danza “Cesar Brodermann & Performers” con la obra Bordeline, una coreografía de Cesar Brodermann. El evento tuvo lugar en el Teatro Polivalente, del Centro Estatal de las Artes CEART en punto de las 17:00 hrs.

A la llegada, las butacas se encontraban acomodadas dentro del escenario, rodeando un pequeño espacio donde iba a presentarse la pieza.

Mientras los asistentes tomaban su lugar, se encontraba Cesar Brodermann, con un traje negro hablando en lo que parecía ser su lengua nativa, cuyo significado era indescifrable. Luego de un rato se dio entrada a dos bailarines y dos bailarinas en vestuarios carmesí, emulando la desnudes en este tenor los bailarines israelís nos presentaron una pieza donde desafiaron todo limite corporal.

La función inició en medio del escenario, los bailarines se encontraban muy cerca del público en un espacio delimitado por los espectadores, con la intención de estar lo más cerca; los unos, de los otros.

La coreografía exigía la cercanía e intimidad entre ellos, con el reto de jamás tocarse, ni con el público, ni entre los bailarines, haciendo honor al nombre de la obra “Bordeline”.

El concepto “Borderline” hace referencia al trastorno límite de la personalidad, que se manifiesta en síntomas como inestabilidad emocional, sentimientos de inutilidad, inseguridad, impulsividad y dificultades en las relaciones sociales. Por las expresiones corporales y gesticulares de los bailarines podríamos determinar que el autor de la pieza y los bailarines querían poner este tema sobre la mesa.

La obra termina de una manera impensable: sin tocar al espectador logran parar a dos de ellos al centro del escenario, para luego apagar la luces y al encenderlas ya no había más bailarines, solo las dos personas en el centro, un final simplemente brillante que provoco la ovación de pie de todos los asistentes pues nos dejan con la tarea de sensibilizarnos con esta problemática de salud mental.