El Partido Verde Ecologista de México encendió motores rumbo a 2027… y lo hizo con una señal directa: está listo para competir sin alianzas en la carrera por la gubernatura de San Luis Potosí. Durante el arranque de los trabajos electorales de la segunda circunscripción, la dirigente nacional Karen Castrejón Trujillo fue clara: el partido se prepara para ir solo en la elección a gobernador, una decisión que —dijo— responde a la línea de la dirigencia nacional.
El mensaje no llega en el vacío. Se da en medio del choque abierto con Morena, que ya advirtió que no irá en alianza si el Verde impulsa perfiles ligados a familiares de gobernantes, como la senadora Ruth Miriam González Silva, esposa del mandatario estatal Ricardo Gallardo Cardona. “Si tenemos que ir solos, vamos a ir solos” Lejos de matizar, la propia Ruth González respaldó el escenario: competir sin coalición es una opción real. Aseguró que el partido está fortalecido territorialmente y confió en repetir el triunfo en las urnas. El Verde presume músculo: gobierna 41 de los 59 municipios del estado y apuesta a esa estructura para sostener su proyecto rumbo a 2027.
El coordinador nacional Arturo Escobar y Vega anunció además la instalación de una oficina alterna de la dirigencia nacional en territorio potosino, desde donde se operará la estrategia electoral. El objetivo: consolidarse como tercera fuerza política nacional, ampliar posiciones y negociar alianzas… pero bajo una nueva regla: respeto total a sus candidaturas. “Si te apoyo allá, me apoyas acá”, resumió, dejando claro que el PVEM no aceptará imposiciones.

Aunque las mesas de diálogo con Morena siguen abiertas, el tono cambió. El Verde ya no habla desde la negociación, sino desde la posibilidad real de ruptura. El contexto lo explica todo: Morena endureció su política contra el nepotismo y advirtió que no acompañará candidaturas de familiares de gobernantes, lo que pone directamente en la mira el escenario potosino.
Así, San Luis Potosí se perfila como uno de los estados más tensos rumbo a 2027:
un partido en el poder que se siente fuerte para competir solo, y un aliado nacional que amenaza con romper si no se respetan sus reglas. La pregunta ya no es si habrá alianza… sino quién cede primero.



